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DISCURSO DEL SANTO PADRE LEÓN XIV
A LOS PARTICIPANTES EN EL COLOQUIO ACADÉMICO PROMOVIDO POR EL DICASTERIO PARA LAS CAUSAS DE LOS SANTOS

Sala Clementina 
Miércoles, 16 de septiembre de 2026

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En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
¡La paz esté con ustedes!

Eminencia,
¡queridos hermanos y hermanas!

Me complace darles la bienvenida al término del congreso ¿El siglo XXI: una nueva era de mártires?, organizado por el Dicasterio para las Causas de los Santos y la Comisión de Nuevos Mártires – Testigos de la Fe. Esta denominación pretende indicar una categoría más amplia, distinta de los mártires cuya causa de beatificación se encuentra en curso y de aquellos que figuran oficialmente en el catálogo de los Beatos y los Santos. La Comisión, instituida por el Papa Francisco en 2023, tiene, de hecho, el propósito de recopilar los testimonios de quienes han perdido la vida por Cristo, independientemente del proceso canónico, para que su ejemplo no se pierda.

Se trata de hermanos y hermanas que, en diversos contextos geográficos, históricos y políticos, han entregado su vida por el Evangelio. Ellos nos recuerdan las palabras del Resucitado en su última aparición antes de ascender al cielo: «Recibirán la fuerza del Espíritu Santo que va a venir sobre ustedes, y serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra» (Hch 1,8). Su testimonio nos dice que también nuestra época, dominada por la cultura del poder, de la fuerza sin límites y por el desarrollo incesante de los sistemas armados (cfr. Carta encíclica Magnifica humanitas, cap. V), es una época que es testigo del heroísmo de aquellos a quienes nos gusta definir como «nuevos testigos de la fe».

Muchos de ellos son asesinados por abuso de poder o por organizaciones criminales porque, como cristianos, se oponen a sus injusticias en nombre del Evangelio. El concepto de «testigo de la fe» se formuló precisamente para dar cabida y honrar situaciones históricas complejas en las que la motivación de los verdugos no puede atribuirse explícitamente al «odio a la fe». Desde esta perspectiva, la labor de la Comisión de Nuevos Mártires – Testigos de la Fe, con el apoyo del Dicasterio para las Causas de los Santos, es de carácter historiográfico y divulgativo, no jurídico, y se centra más en el estado de ánimo de la víctima que en las motivaciones del perseguidor. Es decir, se considera el hecho de que la víctima se mantuvo fiel a Cristo en el cumplimiento de su compromiso evangélico y lo hizo hasta la muerte.

El mismo Jesús lo había anunciado durante la Última Cena: «En el mundo tendréis luchas; pero tened valor: yo he vencido al mundo». (Jn 16,33). En estos testigos de la fe resulta evidente que la perseverancia en el bien y la fidelidad hasta el don supremo de sí mismos en el amor han obtenido su fuerza de la victoria del Cordero inmolado sobre el mal, la única certeza capaz de ofrecer una paz profunda a quienes creen en Él.

En ellos se manifiesta heroicamente el estilo del cristiano, quien nunca busca la confrontación, sino que más bien la desactiva con la eficacia de la mansedumbre. Como escribió el Papa Francisco: «El discípulo sabe dar la vida entera y jugarla hasta el martirio como testimonio de Jesucristo, pero su sueño no es llenarse de enemigos, sino que la Palabra sea acogida y manifieste su potencia liberadora y renovadora. (Exhortación apostólica Evangelii gaudium, 24).

La fuerza evangelizadora de los nuevos testigos de la fe representa uno de los mayores recursos de la Iglesia para anunciar el Evangelio en el mundo de hoy, según la célebre afirmación de San Pablo VI en la Exhortación apostólica Evangelii nuntiandi: «El hombre contemporáneo escucha más a gusto a los que dan testimonio que a los que enseñan […], o si escuchan a los que enseñan, es porque dan testimonio» (n.º 41).

Los testigos de la fe no proponen una ideología, sino que muestran una fe vivida en la vida cotidiana. Su credibilidad surge de la coherencia entre las palabras y las acciones, coherencia que a menudo llega hasta el sacrificio supremo. En contextos culturales indiferentes, la «santidad de la puerta de al lado» y el heroísmo silencioso se vuelven temas significativos, capaces de interpelar a todos, incluso a los más recelosos.

Queridísimos, nosotros admiramos a estos hermanos y hermanas nuestros como estrellas que brillan en la oscuridad del egoísmo y de la opresión. Ellos ayudan a la Iglesia a reflejar más plenamente la luz de Cristo Señor, para señalar a la humanidad contemporánea el camino que conduce a la civilización del amor. Todos estamos llamados a aportar nuestro granito de arena «a este horizonte de compromiso, a esta obra de esperanza» (Carta encíclica Magnifica humanitas, 185). Los testigos de la fe, al dar su vida por la justicia, la verdad, la paz y la libertad, han contribuido eficazmente al advenimiento de los nuevos cielos y de la nueva tierra, que esperamos con confianza en la misericordia de Dios.

Les doy las gracias por el compromiso con el que llevan adelante este valioso servicio, y les deseo que sus jornadas de estudio y diálogo sean fructíferas. Que la intercesión de María Santísima, Reina de los Mártires, se lo conceda, y que los acompañe la bendición apostólica que les imparto de todo corazón a todos ustedes.
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Boletín de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, 16 de septiembre de 2026