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cuyo uso y estudio recomiendo vivamente. Ade-
más, ni el Papa ni la Iglesia tienen el monopolio
en la interpretación de la realidad social o en la
propuesta de soluciones para los problemas con-
temporáneos. Puedo repetir aquà lo que lúcida-
mente indicaba Pablo VI: « Frente a situaciones
tan diversas, nos es difÃcil pronunciar una palabra
única, como también proponer una solución con
valor universal. No es éste nuestro propósito ni
tampoco nuestra misión. Incumbe a las comuni-
dades cristianas analizar con objetividad la situa-
ción propia de su paÃs ».
152
185.âA continuación procuraré concentrarme
en dos grandes cuestiones que me parecen fun-
damentales en este momento de la historia. Las
desarrollaré con bastante amplitud porque consi-
dero que determinarán el futuro de la humanidad.
Se trata, en primer lugar, de la inclusión social de
los pobres y, luego, de la paz y el diálogo social.
II.âL
a
inclusión
social de
los
pobres
186.âDe nuestra fe en Cristo hecho pobre, y
siempre cercano a los pobres y excluidos, brota
la preocupación por el desarrollo integral de los
más abandonados de la sociedad.
Unidos a Dios escuchamos un clamor
152
âCarta ap.
Octogesima adveniens
(14 mayo 1971), 4:
AAS
63 (1971), 403.