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Jeremías 20

Nuevas palabras de condena de Jerusalén

14 Jeremías volvió de Tófet, adonde lo había mandado el Señor a profetizar, se plantó en el atrio del templo y dijo a toda la gente:

15 «Esto dice el Señor del universo, Dios de Israel: “Voy a traer sobre esta ciudad y su comarca todos los males con que la he amena- zado, porque endurecieron su cerviz y no escucharon mis palabras”».

1 Pasjur, hijo de Imer, comisario del templo del Señor, oyó a Jeremías profetizar aquello. 2 Pasjur hizo azotar al profeta Jeremías y lo metió en el cepo que se encuentra en la Puerta de Benjamín, la de arriba, en el templo del Señor. 3 A la mañana siguiente, cuando Pasjur lo sacó del cepo, Jeremías le dijo: «El Señor ya no te llama Pasjur, sino Pavor-en-torno, 4 pues esto dice el Señor: “Te voy a convertir en pavor para ti y para todos tus amigos, que caerán víctimas de la espada enemiga en tu presencia. Entregaré a todos los habitantes de Judá en poder del rey de Babilonia, que los desterrará a Babilonia y los matará a espada. 5 En cuanto a todas las riquezas de esta ciudad, sus bienes, objetos preciosos y los tesoros reales de Judá, los entregaré a sus enemigos, que los saquearán, los pillarán y se los llevarán a Babilonia. 6 Y tú, Pasjur, irás desterrado a Babilonia junto con toda tu familia. Allí morirás y serás enterrado con todos tus amigos, a quienes profetizabas tus embustes”».
 

Confesiones de Jeremías: V

7 Me sedujiste, Señor,

y me dejé seducir;

has sido más fuerte que yo y me has podido.

He sido a diario el hazmerreír,

todo el mundo se burlaba de mí.

8 Cuando hablo, tengo que gritar,

proclamar violencia y destrucción.

La palabra del Señor me ha servido

de oprobio y desprecio a diario.

9 Pensé en olvidarme del asunto y dije:

«No lo recordaré;

no volveré a hablar en su nombre»;

pero había en mis entrañas como fuego,

algo ardiente encerrado en mis huesos.

Yo intentaba sofocarlo, y no podía.

10 Oía la acusación de la gente:

«“Pavor-en-torno”,

delatadlo, vamos a delatarlo».

Mis amigos acechaban mi traspié:

«A ver si, engañado,

lo sometemos y podemos vengarnos de él».

11 Pero el Señor es mi fuerte defensor:

me persiguen, pero tropiezan impotentes.

Acabarán avergonzados de su fracaso,

con sonrojo eterno que no se olvidará.

12 Señor del universo,

que examinas al honrado y

sondeas las entrañas y el corazón,

¡que yo vea tu venganza sobre ellos,

pues te he encomendado mi causa!

13 Cantad al Señor, alabad al Señor,

que libera la vida del pobre

de las manos de gente perversa.

14 Maldito el día en que nací,

no sea tenido por bendito

el día en que mi madre me parió.

15 Maldito el hombre que anunció

la buena noticia a mi padre:

«Te ha nacido un hijo varón»,

y le dio una gran alegría.

16 Sea ese hombre igual que

las ciudades que el Señor

destruyó sin compasión;

que escuche alaridos de mañana,

gritos de guerra al mediodía.

17 ¿Por qué no me mató en el vientre?

Mi madre habría sido mi sepulcro,

con su vientre preñado eternamente.

18 ¿Por qué hube de salir del

vientre para pasar trabajos y fatigas

y acabar mis días deshonrado?