Nuevas palabras de condena de Jerusalén
14 Jeremías volvió de Tófet, adonde lo había mandado el Señor a profetizar, se plantó en el atrio del templo y dijo a toda la gente:
15 «Esto dice el Señor del universo, Dios de Israel: “Voy a traer sobre esta ciudad y su comarca todos los males con que la he amena- zado, porque endurecieron su cerviz y no escucharon mis palabras”».
Confesiones de Jeremías: V
7 Me sedujiste, Señor,
y me dejé seducir;
has sido más fuerte que yo y me has podido.
He sido a diario el hazmerreír,
todo el mundo se burlaba de mí.
8 Cuando hablo, tengo que gritar,
proclamar violencia y destrucción.
La palabra del Señor me ha servido
de oprobio y desprecio a diario.
9 Pensé en olvidarme del asunto y dije:
«No lo recordaré;
no volveré a hablar en su nombre»;
pero había en mis entrañas como fuego,
algo ardiente encerrado en mis huesos.
Yo intentaba sofocarlo, y no podía.
10 Oía la acusación de la gente:
«“Pavor-en-torno”,
delatadlo, vamos a delatarlo».
Mis amigos acechaban mi traspié:
«A ver si, engañado,
lo sometemos y podemos vengarnos de él».
11 Pero el Señor es mi fuerte defensor:
me persiguen, pero tropiezan impotentes.
Acabarán avergonzados de su fracaso,
con sonrojo eterno que no se olvidará.
12 Señor del universo,
que examinas al honrado y
sondeas las entrañas y el corazón,
¡que yo vea tu venganza sobre ellos,
pues te he encomendado mi causa!
13 Cantad al Señor, alabad al Señor,
que libera la vida del pobre
de las manos de gente perversa.
14 Maldito el día en que nací,
no sea tenido por bendito
el día en que mi madre me parió.
15 Maldito el hombre que anunció
la buena noticia a mi padre:
«Te ha nacido un hijo varón»,
y le dio una gran alegría.
16 Sea ese hombre igual que
las ciudades que el Señor
destruyó sin compasión;
que escuche alaridos de mañana,
gritos de guerra al mediodía.
17 ¿Por qué no me mató en el vientre?
Mi madre habría sido mi sepulcro,
con su vientre preñado eternamente.
18 ¿Por qué hube de salir del
vientre para pasar trabajos y fatigas
y acabar mis días deshonrado?
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