No te olvides de los humildes
1 (22) (Lámed) ¿Por qué te quedas lejos, Señor,
y te escondes en el momento del aprieto?
2 (23) En su soberbia el impío oprime al infeliz
y lo enreda en las intrigas que ha tramado.
3 (24) El malvado se gloría de su ambición,
el codicioso blasfema y desprecia al Señor.
4 (25) (Nun) El malvado dice con insolencia:
«No hay Dios que me pida cuentas».
5 (26) La intriga vicia siempre su conducta,
aleja de su mente tus juicios,
y desafía a sus rivales.
6 (27) Piensa: «No vacilaré,
nunca jamás seré desgraciado».
7 (28) (Pe) Su boca está llena de maldiciones, de engaños y de fraudes;
su lengua encubre maldad y opresión;
8 (29) en el zaguán se sienta al acecho,
para matar a escondidas al inocente.
(Ayin) Sus ojos espían al pobre;
9 (30) acecha en su escondrijo,
como león en su guarida,
acecha al desgraciado para robarle,
arrastrándolo a sus redes;
10 (31) se agacha y se encoge
y con violencia cae sobre el indefenso.
11 (32) Piensa: «Dios lo olvida,
se tapa la cara, no se entera».
12 (33) (Qof) Levántate, Señor, extiende tu mano,
no te olvides de los humildes.
13 (34) ¿Por qué ha de despreciar a Dios el malvado,
pensando que no le pedirá cuentas?
14 (35) (Res) Pero tú ves las penas y los trabajos,
tú miras y los tomas en tus manos.
A ti se encomienda el pobre, tú socorres al huérfano.
15 (36) (Sin) Rómpele el brazo al malvado,
pídele cuentas de su maldad,
y que desaparezca.
16 (37) El Señor reinará eternamente,
y los gentiles desaparecerán de su tierra.
17 (38) (Tau) Señor, tú escuchas los deseos de los humildes,
les prestas oído y los animas;
18 (39) tú defiendes al huérfano y al desvalido:
que el hombre hecho de tierra no vuelva a sembrar su terror.
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